Alicia Rubio: “La ideología de género es la moral oficial del Estado”

Alicia Rubio

Alicia Rubio es profesora de Instituto desde hace 29 años. Su libro Cuando nos prohibieron ser mujeres… y os persiguieron por ser hombres: para entender cómo nos afecta la ideología de género” es una exposición documentada y razonada de la ideología de género y de las implicaciones que tiene para todos los ciudadanos el que dicha ideología haya sido adoptada como moral del Estado. Su libro ha levantado las iras de las bandas de Podemos, que han acosado e intimidado a su autora por todos los medios a su disposición, que son muchos.

Impertinentes: ¿Qué es la ideología de género?

Alicia Rubio: La ideología de género es un sistema simple y cerrado de ideas que se basan en una afirmación perfectamente falsa y absurda, a saber, que el sexo es una construcción social, una creación voluntaria del ser humano y, por tanto, desvinculable de la biología y moldeable por el Estado. Esa afirmación no admite la confrontación con la realidad, ni con la naturaleza, ni con la razón, ni con la historia, ni con los deseos de mujeres y hombres reales. Es un artículo de fe y consiguientemente sus adeptos no suelen admitir la confrontación de ideas en el debate, ni el análisis de datos.

I: ¿Suelen reaccionar con violencia cuando se les confronta en el plano de las ideas?

A. R.: Sí, ciertamente. La persecución y acoso a los que he sido sometida desde que publiqué este libro lo atestigua. La ideología de género es totalitaria, no sólo porque no admite el debate, sino porque pretende reinventar al ser humano y porque ya ha instaurado una moral de Estado obligatoria que afecta a muchos e importantes aspectos de la vida de las personas. No es casualidad que los comunistas, desmovilizados tras el colapso de la URSS, hayan adoptado en occidente el igualitarismo de género, retomando lo que había dicho Engels de que “el hombre es en la familia el burgués, la mujer representa en ella al proletariado”. La frase de S. Firestone en Dialéctica del sexo,

Mamá es una institución sin la cual el sistema familia se destruiría. Entonces mamá debe ser destruida para ser sustituida por una feminista socialista. El colapso de la revolución comunista en Rusia se debió al fracaso en destruir la familia, que es la verdadera causa de la opresión psicológica, económica y política.

resume perfectamente ese enfoque del feminismo de tercera generación. El feminismo actual no tiene nada que ver con la igualdad de derechos entre hombre y mujer del feminismo originario.

I: ¿Qué la impulsó a escribir este libro?

A. R.: Llevo diez años recopilando información. Empecé cuando vi a los profesores de Educación Física, que es la asignatura que yo imparto, explicar que los comportamientos deportivos tan distintos de chicos y chicas eran debidos a la asignación de roles sociales en la familia, obviando totalmente las diferencias físicas y sus implicaciones. Ese desprecio por la realidad y la razón por parte de quienes mejor ven todos los días las diferentes aptitudes y preferencias deportivas entre chicos y chicas me hizo ver que los tramposos ya habían vendido la tela mágica no sólo al Emperador, sino a su Corte y a gran parte de sus súbditos. A partir de entonces, he ido reuniendo información dispersa y juntándola como si fuera un puzle, hasta que he podido vislumbrar la imagen bastante coherente de la hidra de mil cabezas que es la ideología de género.

I: En su libro aporta una gran cantidad de información científica que acredita la gran importancia que tiene la diferenciación sexual en los comportamientos, aptitudes, gustos, roles y divisiones del trabajo en la sociedad. ¿Por qué una ideología con tan poco fundamento ha conseguido imponerse tan facilmente en occidente?

A. R.: No se ha impuesto de un dia para otro. Se ha ido introduciendo muy poco a poco. Se han utilizado masivamente la manipulación de datos y las mentiras. Se han dado como ciertas y demostradas mentiras apabullantes. Se trata de una ideología tan absurda que sólo se puede mantener mediante el adoctrinamiento en la escuela y la persecución de la disidencia. Nunca se ha permitido el debate en estos asuntos, pues quien lo discutía era inmediatamente tachado con los anatemas modernos de homófobo, machista, etc. Cómo decía Ayn Rand, los absurdos no refutados de hoy son los lemas aceptados de mañana. Y en esas estamos ahora.

Por supuesto que ir contra tu propia naturaleza es tirar piedras contra tu propio tejado. Un ejemplo chusco es lo que le sucedió a López Aguilar, exministro socialista y uno de los principales impulsores de la Ley de Violencia de Género, que fue víctima de una denuncia por violencia de género por parte de su exmujer. El resultado de esa denuncia ha sido muy leve por ser él quien era: no pasó por el calabozo, que es lo que les ocurre al resto de los españoles de a pie.

I: ¿Qué papel juegan las organizaciones supranacionales en la extensión y aceptación de esa ideología?

A. R.: Fundamental. La ideología de género no podría haber alcanzado la condición de moral oficial del Estado en España si no viniera impuesta de arriba a abajo por la ONU y la Unión Europea. Se trata de una ideología que proviene básicamente de la ONU, organismo que, por cierto, desde mucho antes venía desarrollando políticas de reducción de la población. Y no cabe duda que la imposición de esta ideología reduce drásticamente la población en los Estados que la adoptan. La autoridad de la ONU y de la UE, con sus auras de “santidad” y consenso, ha desanimado sin duda la misma discusión. Ha operado el argumento de autoridad y el miedo al anatema, como en el Traje del Emperador y en El retablo de las maravillas, de Cervantes.

I: ¿A quién beneficia esa ideología?

A. R.: A los hombres y mujeres en general, no. Sí sacan buenos beneficios las asociaciones subvencionadas que basan su existencia en el género y en supuestas discriminaciones sexuales, los profesores de las nuevas asignaturas y especialidades universitarias en torno al género, los monitores que imparten cursillos a los menores, los partidos políticos que encuentran en el género un buen material para favorecer su vocación totalitaria, ciertas empresas farmacéuticas, la industria del aborto… Es decir, una minoría que obtiene unos beneficios ingentes.

I: Para dominar un grupo social amplio sin demasiada violencia es imprescindible crear entre sus miembros sentimientos de culpa e inferioridad. La creación de grupos que reclaman una historia de maltrato y discriminación cumple una función en ese esquema de culpabilización. Son viejas técnicas de dominio social.

A. R.: Nos amparan las mismas leyes desde hace mucho. Yo no he sido discriminada jamás. Tengo los mismos derechos. No puede ser que exijamos que se nos resarza de cosas que ni hemos vivido y que se culpe a hombres que no han hecho nada malo de cosas que supuestamente han hechos sus antepasados. Desde hace mucho tiempo las feministas dicen aberraciones éticas y morales. Hay que leer a feministas que defienden el incesto, la pederastia, la destrucción de la familia… que la inmensa mayoría de las mujeres de ninguna manera compartimos.

Ahora resulta que una de las cosas que supuestamente ofenden a las mujeres es que el hombre se sienta con las piernas abiertas y eso es micromachismo; o que, en un bar, una pareja pida una cerveza y una coca-cola y a la chica le pongan la coca-cola. Son ridiculeces para seguir alimentando la mentira de la discriminación. Esa dinámica de criminalización de la masculinidad ha llevado a privar a los hombres de derechos fundamentales, como el de presunción de inocencia, y a crear por doquier grupos privilegiados, agradecidos y subvencionados.

El feminismo que defendía una igualdad de derechos hace mucho tiempo que ya no existe o es puramente residual. Ahora lo que se defiende es la supremacía de la mujer, fundamentada en el manifiesto SCUM, de Valerie Solanas, en el que se culpa al hombre de todos los males pasados, presentes y futuros y defiende incluso su eliminación física. Los legisladores tienden cada vez más a tratar al varón como especialmente desechable. Hay muchos más suicidios de hombres que de mujeres, hay muchos más hombres que mujeres en las cárceles, hay más fracaso escolar masculino… pero no hay ni un solo fondo público para ayudar a esa parte de la población.

I: ¿Se pretende un sexo neutro?

A. R.: A veces el hombre tiene ventajas y otras desventajas. Tratar de igualar a toda costa lo que por naturaleza es desigual no sólo es tiránico, sino que inevitablemente produce mayor desigualdad.

I: Recientemente ha sido destituida como jefa de estudios del Instituto público en el que trabaja.

A. R.: Mi marido, que es el director del Instituto, y yo nunca hemos ocultado que somos de derechas. Conservadores en lo social y liberales en lo económico; nunca hemos defendido la violencia ni la imposición de ideas, y eso, en determinados ámbitos, no gusta y sólo se te admite si bajas la cabeza y ocultas lo que piensas. En este caso, además, se unió la persecución de Podemos, que yo ya tengo encima desde que publiqué el libro.

I: ¿En qué se concreta esa persecución?

A. R.: Scratches cada vez que presento el libro, tratar de declararme ciudadana no grata en San Fernando (Cádiz)… muchísimos incidentes. Por ejemplo, en enero de este año, en Cáceres, consiguieron que el Colegio de Aparejadores retirara en el último momento la sala que me habían concedido para presentar el libro. Al día siguiente lo presentaba en el Colegio de Farmacéuticos de Badajoz, que sin embargo aguantó las presiones para retirarme la sala, pero allí fueron las bandas de la porra y no dejaron entrar a la gente, sólo consiguieron pasar la barrera de vociferantes unas 20 personas. Entre aquellos había un concejal de Podemos, activistas de Café Feminista, una filial de Podemos –que dice que busca la igualdad y sólo admite mujeres-, grupos que se autodenominan antifascistas y que son muy fascistas… Esa gente impidió que se celebrara un debate sobre ideología de género en Sevilla en el que yo participaba… Dos veces se me ha retirado a última hora la autorización para presentar mi libro en bibliotecas de titularidad pública en Guadalajara y Toledo. Es decir, persecución por un libro que ninguno de los que me persigue ha leído. Y podría seguir. Esta persecución ha llegado también a mi trabajo.

I: Deme más detalles de esa persecución en el trabajo.

A. R.:Fue tremendo. Se había organizado dias antes un debate sobre libertad de expresión, a petición de unos alumnos, en la Facultad de Derecho de la Complutense, en el que yo iba a participar junto a Rocío Monasterio (de Vox), Ignacio Arsuaga (de Hazte Oír) y otros. El decano el día anterior a la fecha nos retiró la sala que nos había concedido, cediendo a las presiones de las bandas de la porra. Decidimos, no obstante, ir porque pensábamos que aparecería gente que no se habría enterado de la cancelación, y nos encontramos con unos cien o doscientos tipejos, muchos con la cara tapada, gritando “fuera los rosarios de nuestros ovarios” y cosas por el estilo. A mí me acompañaba mi marido. Intentamos dialogar con los vociferantes, pero evidentemente no dió ningún resultado. El decano impidió que la policía nos protegiera. Nosotros gritábamos nada mas que “libertad de expresión”. La SEXTA grabó los incidentes y aquella noche entrevistaron a Arsuaga, ya sabe, el del famoso autobús, y pusieron un video con los incidentes, los tremendos insultos y amenazas que nos dirigían y en él se veía a mi marido gritando “libertad de expresión” al lado del autobús de Hazte Oír. Es entonces cuando empieza el linchamiento total, que si éramos personas que no podíamos estar en la enseñanza pública, que nos echaran del instituto, que nuestra ideología no era admisible, que éramos machistas, homófobos… que nos fuéramos a la privada.

Hay que denunciar que la enseñanza pública no es de todos y para todos, sino de algunos y para algunos.

I: ¿Y cómo se traslada ese linchamiento en redes sociales y declaraciones a su Instituto?

A. R.: Lo que preocupa a algunos de mis compañeros de trabajo es que aparezcamos incidentalmente al lado del autobús y que por contagio del estigma pueda derivar mala fama al instituto. Y esos compañeros, en vez de indignarse por la represión de la libertad de expresión, por el linchamiento de sus colegas, aprovechan y reclaman que yo pida perdón y dimita de mi puesto de jefe de estudios por lo que digo y pienso en un claustro ordinario, celebrado el 15 de marzo pasado. Durante la celebración de ese claustro Podemos organiza una cacerolada a las puertas del instituto contra mí y mi marido, con concejales de Leganemos (Podemos Leganés) dirigiendo. El claustro se celebra en ese ambiente, fuera los de Podemos y alumnos a los que se les habían contado falsedades  y dentro compañeros exigiendo que mi marido y yo pidamos perdón.

I: Esto recuerda los juicios de Moscú.

A. R.: Sí, efectivamente. Quieren que pida perdón por el supuesto daño que estoy haciendo al instituto, cuando los que están haciendo daño son los que están fuera insultando y difamando, alarmando a los padres, manipulando a los niños y los que han montado esta campaña de acoso y desprestigio. Quieren que pida perdón por defender y ejercitar nuestra libertad de expresión.

I: ¿Y pidió perdón?

A. R.: ¡Qué va! Por suerte, yo ya había leído un folletito norteamericano sobre cómo resistir los ataques de este tipo, en el que avisa de que pedir perdón no calma a los que linchan por motivos ideológicos, sino todo lo contrario.

I: Cómo terminó todo?

A. R.: Con la petición de mi cese al director (mi marido) por parte del claustro, sin votación, apelando a una “autoridad asamblearia” no contrastada y que se tramitó para relajar los ánimos de los que pedían la cabeza de ambos. El cese siguió sus trámites legales y ya no soy jefe de estudios pero como funcionaria, sigo trabajando.

I: ¿Cómo se introduce la ideología de género en los colegios?

A. R.: Muy poco a poco y utilizando argumentos buenistas, porque todos estamos en contra de la violencia, de la discriminación… Se introduce a través de cursillos sobre violencia de género, de educación sexual y cursillos sobre diversidad sexual. En los cursillos de violencia de género se pretende a toda costa que los únicos que ejercen violencia son los hombres. No hace mucho la Policía Nacional impartió alguno de estos cursillos, en los que de una forma un poco más objetiva, también se instruía a los alumnos para evitar comportamientos de acoso y degradantes de las chicas a los chicos. Pero estos cursos provocaron un enorme escándalo (que si eran machistas…) promovido por quienes más se benefician de impartirlos de forma no gratuita: las asociaciones subvencionadas y dedicadas a la violencia de género y los “titulados en género”.

Los chicos suelen salir indignados y otras veces traumatizados de estos cursillos de violencia de género, las chicas salen pensando que no pueden confiar en los hombres, que estos utilizan el amor romántico como trampa para cazarlas. Hay encuestas que muestran que las mujeres pegan más a los hombres que al revés, si bien con menos violencia, claro. Y respecto a otros tipos de violencia como la psicológica o de control, la verdad es que las mujeres somos muy buenas. La violencia es bidireccional, pero se han dejado de publicar los datos que lo acreditan.

I: Y los cursos de educación sexual ¿qué son?

A. R. : El mensaje que se da a los niños en estos cursillo es: practica el sexo cuando te sientas preparado. Y ya sabemos que un adolescente se siente preparado para todo. Estos cursillos se dan a niños a partir de los 12 años y se incita a estos a tener relaciones sexuales tempranas. Se les enseña el sexo anal, oral, las masturbación recíproca. Recuerdo que una chica me dijo después de un cursillo: “Profe, creía que el sexo oral era decir guarrerías por teléfono” y yo me dije: “¿Eso es información o corrupción?” Se enseña a cómo usar el preservativo, a tomar la píldora del día después y a acudir en última instancia al aborto. La píldora del día después se expide sin receta y sin preguntar la edad de la menor. Todo eso se enseña al margen de los padres o en contra de sus deseos.

I: ¿Qué dicen los médicos al respecto?

A. R.: Nada. El muro de silencio es espeso.

I: ¿Se podría hablar entonces de una religión de Estado?

A. R.: Desde luego de moral de Estado, sí. Yo creo que el Estado tendría que ser neutral en las cuestiones morales de los ciudadanos.

Luego viene el tercer grupo de cursillos, en el que se habla de la diversidad sexual. En estos la cuestión no es que se acepte a quienes tengan tal o cual elección sexual, cosa que nadie pone en duda, sino que hay que aceptar que son iguales las relaciones homosexuales y heterosexuales, y que tienen que gustar y parecer iguales. Si dices que, aunque lo vas a querer igual, prefieres que tu hijo/a no sea homosexual, eso ya es homofobia. Ayer vi un video de una mujer diciendo que para que las relaciones sexuales sean realmente igualitarias y sin violencia lo mejor es hacerse lesbiana. Y efectivamente esa es la conclusión a la que llegan muchas niñas.

Lo que se pretende son relaciones inestables de niños hipersexualizados que han eliminado totalmente las ideas de la relación sexo-amor-procreación, la entrega mutua y un proyecto de vida común. Mucha gente pensamos que ese no es un camino hacia la felicidad de nuestros hijos y creemos que esa es una receta para la insatisfacción, la amargura y la soledad. Y nos encontramos que nos lo imponen, que no podemos decir eso, que tenemos que decir lo que ellos te mandan que digas. Los que me persiguen e impiden hablar, que hagan con su sexualidad lo que quieran, pero aquí hablamos de imposición estatal.

I: ¿Cómo se siente en su batalla contra fuerzas tan enormes? ¿Se siente sola?

A. R.: Hay muchísima gente que me muestra su apoyo, que no entendía qué estaba pasado y que al leer mi libro me dicen: “ahora lo entiendo, lo que antes veía como trazos inconexos, lo veo ahora como un dibujo claro”.

I: ¿Entonces está animada?

A. R.: Según los días. Tengo que partir de la base de que no voy a salir de aquí con bien, voy a perder el honor y la fama, me van a colgar sambenitos terribles, voy a perder profesionalmente no sé hasta qué punto, van a tratar de destruirme como persona. Y todo vale, incluida la mentira. Parto de la base de todo eso, pero me mueve que muchas personas empiezan a darse cuenta de que esta democracia es muy imperfecta y que estamos perdiendo nuestra libertad.

I: Me ha gustado mucho la parte final de su libro en la que da consejos sobre cómo defenderse aunque no se tenga a nadie que te defienda.

A. R.: A veces miras lo que hay enfrente y ves un hidra de mil cabezas, un monstruo horroroso. Hay que echarle valor y luchar.

 

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