El gobierno británico empieza a llamar las cosas por su nombre

La bandera negra de ISIS

Tras el atentado islamista del pasado 3 de junio en Londres, en el que fueron asesinadas con saña siete paseantes y clientes de restaurantes y heridos 48 más, 21 de ellos en condición crítica, parece que el Gobierno británico empieza a llamar a las cosas por su nombre.

En los ocho años que estuvo Barak Obama como presidente de los Estados Unidos jamás pronunció las palabras terrorismo islámico o extremismo islámico a la hora de referirse a los atentados islamistas. Cuando reunió el 4 de enero de 2009 a líderes de los países musulmanes a que escucharan su discurso en la Universidad Al-Azhar de El Cairo, invitó también a miembros de la organización terrorista Hermanos Musulmanes, y ni siquiera usó la palabra terrorismo, sino violencia contra civiles y extremismo. Durante su mandato se prohibió que en las conmemoraciones oficiales del 11 de septiembre se hiciera referencia alguna a que los autores fueran terroristas islámicos.

Los políticos europeos han hecho exactamente lo mismo, con el agravante de incluir en sus códigos penales castigos contundentes contra quien pronunciara palabras que pudieran interpretarse como islamofóbicas. Hasta ahora, su preocupación ha sido tratar por todos los medios de convencer a la opinión pública de que el islam no tiene nada que ver con el terrorismo que se declara en nombre de Alá, que el islam es una religión de paz, que la oleada de asaltos sexuales no tienen nada que ver con la inmigración descontrolada, y que el verdadero peligro es la islamofobia, tener miedo y, sobre todo, decir que lo tienes.

Jihadistas abatidos

Los jihadistas, después de atropellar paseantes con una furgoneta, recorrieron a pie una zona de restaurantes acuchillando a quienes encontraban.

Los ejemplos de esta actitud y de esta política son incontables. Sin ir más lejos, la primer ministro del Reino Unido, Theresa May, en su declaración institucional tras el atentado del 22 de mayo en Manchester, no hizo ninguna mención al jihadismo, y el alcalde del mismo  Manchester se limitó a decir que el ataque lo había realizado un extremista.

Tras este último ataque en Londres parecía que las reacciones iban a ser una nueva ración unánime de noñeces melifluas y morcillonas. ABC y El País inmediatamente sacaron idénticos titulares contra Trump por “aprovechar” el atentado… Pero parece que Trump ya no está tan solo.

Cuando Trump se reunió con líderes de más de 50 países musulmanes en Riad el 21 de mayo pasado, no fue para pedir perdón por las culpas de occidente, sino para exhortarles a combatir el terrorismo que anida en sus tierras, diciendo:

El terrorismo se ha extendido por todo el mundo. Pero el camino de la paz empieza justo aquí, en esta antigua y sagrada tierra…

Un futuro mejor sólo es posible si vuestras naciones echan a patadas a los terroristas y a los extremistas. DESHACEROS DE ELLOS.

EXPULSARLOS de vuestros lugares de culto.

EXPULSARLOS de vuestras comunidades.

EXPULSARLOS de vuestra sagrada tierra

HACERLOS desaparecer de la faz de la tierra.

 

Esta actitud parece que empieza a calar en ciertas élites europeas y se extiende el valor de decir palabras hasta ahora anatemizadas. Así al menos puede desprenderse de la declaración del gobierno británico tras este último atentado, en el que se utilizan palabras y tono nunca oídas hasta ahora a un político europeo en el poder:

… aunque los recientes ataques no están conectados entre sí por una red común, sí están conectados en un aspecto importante. Están ligados entre sí por la misma maligna ideología del extremismo islamista, que predica el odio, siembra la desunión y promociona el sectarismo.

… hay que ser franco, en nuestro país hay demasiada tolerancia con el extremismo…

Desde el surgimiento de la amenaza terrorista de inspiración islamista…

Es un pequeño paso, pero quizá en un futuro no muy lejano podamos  volver a llamar a las cosas por su nombre.

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