Trump, el catalizador

Trump Israel

Donald Trump se caracteriza por exponer con claridad sus ideas políticas y sus objetivos. Los medios de comunicación norteamericanos e internacionales se caracterizan por demonizarle utilizando el insulto, las mentiras y las frases fuera de contexto.

Lo más sorprendente de su victoria electoral es que haya podido vencer a una amalgama formada por prácticamente todos los medios de comunicación, de derechas y de izquierdas,  la academia, los más ricos del planeta, Silicon Valleyn y una larga lista de instituciones y personajes. Y eso les pone de los nervios.

Esa amalgama ha visto en Donald Trump su peor enemigo porque D.T. a su vez, y desde el 16 de junio de 2015 en que anuncia su intención de luchar por alcanzar la Presidencia de los Estados Unidos, no ha ocultado que su objetivo, expresado en lenguaje directo y sin melindres, es derrotar al establishment, término que en español puede traducirse como poder establecido o como poderes fácticos. Y esa declaración de intenciones, viniendo no de un izquierdista, sino de un defensor acérrimo del individualismo, de la limitación del poder del Gobierno, de la libertad de expresión, de la propiedad privada, de la religión y de la Constitución de los Estados Unidos, descolocó bruscamente a ese difusa e indefinible amalgama, provocándo una reacción de una violencia y magnitud nunca vista hasta entonces. Esa reacción, cada vez más histérica y tronante, está teniendo la inestimable virtud de permitirnos al resto de los mortales vislumbrar mucho mejor la silueta y los colores del poder establecido en los albores del siglo XXI.

¿Qué es el poder establecido? Un termino que designa a quienes disfrutan del poder político con independencia de los cambios de gobierno y a quienes ejercen poder político sin detentarlo directamente. Es un concepto imprescindible para entender la política en todo momento de la historia, lo cual no evita que sea dificil su descripción en el momento de cada  presente, porque su composición, aunque constituyendo siempre en su interior una fuerza dominante, es fluida, cambiante y no homogenea.

Donald Trump ha tenido el coraje y la habilidad de provocar al poder establecido para que saliera a pelear a la luz del día; para que abandonara por un momento, llevado por la rabia y la altanería, su seguro castillo de penumbras y peleara en campo abierto. Y quienes salieron del castillo creyendo que iban de corto paseo militar, se quedaron con el culo al aire y bajo un foco de atención pública que antes no tenían.

El siempre difuso establishment se ha amalgamado y catalizado hoy en su radical oposición a TODOS los planteamientos de Donald Trump, desvelando así con suficiente claridad su propio programa e ideario. Como resultado de ese desvelamiento ahora podemos decir sin temor a equivocarnos que el establisment hoy es feminista, antinacionalista, contrario a las fronteras, favorable al Islam, contrario a la moral cristiana y, sobre todo, aspira y trabaja sin descanso para tener el control del contenido y flujo de la información en todo el planeta. A quienes defienden ese conjunto de posiciones podemos agruparlos bajo la común etiqueta de globalistas.

Gracias al desvelamiento que ha provocado Donald Trump, hemos sido testigos también del hermanamiento entre la izquierda de todos los colores -desde la más radical y comunista hasta la socialdemócrata- con los ejecutivos de las empresas más poderosas y las fortunas más escandalosas del planeta, como Google, Amazon, Twitter, Facebook, Apple, Microsoft, George Soros, Warren Buffet... Si alguien quiere tener una idea rápida de cuál es el programa globalista, sólo tiene que acudir a la Web de la fundación de Georges Soros, Open Society Fundation, y echar un vistazo a los programas en los que gasta su inmenso caudal y los grupos que financia: un pie en la extrema izquierda planetaria y otro pie en el superexclusivo Foro Económico Mundial de Davos.

Gracias al desvelamiento provocado por Donald Trump, hemos comprobado que la linea divisoria de la política en occidente ya no separa a los partidarios y enemigos de la propiedad privada como había sido la norma en los últimos 150 años. Ahora hay dos lineas divisorias: una, entre partidarios y enemigos del Estado nación, y otra entre partidarios y enemigos de los valores morales e intelectuales de la civilización judeo-cristiana. La izquierda se encuentra siempre en el mismo lado de ambas lineas; la derecha a veces en un lado y a veces en otro.

Impertinentes recomienda

 

AYÚDANOS A INFORMAR