Rajoy, Don Galimatías

Rajoy

En mi opinión, lo más destacable y duradero de todo lo que está pasando en este Septiembre de 2017 no es que los secesionistas pretendan la secesión, cosa que todos ya sabíamos, sino que Rajoy ha asestado una puñalada trapera y en el corazón a lo que más proclama defender, es decir, al imperio de la ley. La consecuencia de ello no puede ser sino el desorden.

Rajoy no para de repetir que su objetivo es que la ley prevalezca y que no se celebre el referendo porque es ilegal, pero para que no se celebre el tal referendo dice que aplicará la ley siempre y cuando lo considere oportuno y en la extensión e intensidad que considere oportuno, lo que, dicho en sus propios términos, es aplicarla "de la forma más elegante, más educada y con los menos costes posibles". Esa orden de estilo y criterio de actuación se ha transmitido a todos los órganos del Estado encargados de imponer y garantizar la ley y el orden, lo que les deja, como no podía ser de otro modo, en el desconcierto paralizante. Es decir, Rajoy enfoca el asunto de la secesión como un tema legal, no político, pero su estrategia es puramente política, no legal, lo que deja a quienes dan y reciben las tortas en la tesitura de tener que tomar decisiones políticas cuando su fuerza y garantía es actuar nada más que conforme a la ley.

Rajoy trata de disfrazar de confianza en la fuerza de la ley su propio galimatías, pero no hay convicción, sino todo lo contrario, sólo fachada que apenas se sostiene gracias a que el Registro de la Propiedad Inmobiliaria es la cosa más importante que ha producido España desde la colonización de las Américas y un Registrador es, por definición, fiable. Pero resulta que Rajoy no es un Registrador sino un político profesional desde su juventud. Un hombre que miente con aplomo, porque dice a los españoles que no nos preocupemos, que lo tiene todo controlado, cuando todos sabemos que no es verdad.

Ninguna triquiñuela de picapleitos ni argumento bizantino podrá ya aliviar de la conciencia de los españoles la carga humillante de haber contemplado durante meses y meses cómo la ley no sirve para detener a unos delincuentes que juran cometer delitos graves, hasta hace poco castigados con la pena de muerte, y toman todas las medidas en su mano para cometerlos… si esos delincuentes pertenecen a la clase política y actúan en comandita. Todas las declaraciones de todos los dirigentes políticos de todos los partidos parlamentarios han dicho de una u otra forma que la ley hay que aplicarla si ellos dan su conformidad para que se aplique. La solidaridad de casta demostrada por la clase política a este respecto es desalentadora y muestra que el imperio de la ley estaba ya muy enfermo y Rajoy no ha hecho más que rematarlo.

El galimatías de Rajoy no solo emboza con política la aplicación de la ley, sino que paraliza la propia acción política pretendiendo que la batalla contra el separatismo es un asunto puramente legal. No político, no de unidad nacional, no patriótico, sino legal: asunto de tribunales y funcionarios, cosa de profesionales y entendidos. Con lo cual ha dejado solos a quienes sienten este asunto como un tema que les afecta en los más íntimo, a esos ilusos que creían que eran dueños soberanos de su patria.

El galimatías de Rajoy  deslegitima y desprestigia la lucha política y popular contra el separatismo a la vez que embota la aplicación de la ley contra los secesionistas, lo que facilita que la única fuerza actuante en este drama sea la secesionista, cada vez más crecida al comprobar que enfrente apenas hay nada.  El resultado previsible es que:

  • El referendo se celebre aunque Rajoy diga que no se ha celebrado.
  • El referendo se celebre en medio de una gran confusión, con innumerables actos de violencia que fácilmente pueden alcanzar proporciones inmanejables. Los radicales y violentos tomarán el mando.
  • A los pocos días del referendo habrá atentados terroristas y se extenderá el acoso al español.

Luego, Dios dirá, pero no encuentro un solo argumento para no ser francamente pesimista porque, entre otras cosas, al mando del país hay un perfecto incompetente.

 

 

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